Calm Belt
El Calm Belt (凪の帯), el «Cinturón de Calma», es cada una de las dos franjas de mar que flanquean la Grand Line por el norte y por el sur, separándola de los cuatro Blues. Son aguas absolutamente inmóviles: ni el viento sopla ni corriente alguna las agita, lo que convierte a cualquier embarcación de vela en un blanco fácil e inmóvil sobre la superficie.
Esa quietud antinatural no es su mayor peligro. Bajo sus aguas habitan los Reyes del Mar, criaturas marinas de tamaño descomunal que consideran el Calm Belt su territorio, y que hacen de cruzarlo a remo o a la deriva una apuesta casi siempre mortal.
Geografía
Cada Calm Belt ocupa la franja inmediatamente contigua a la Grand Line, a un lado y otro, actuando como frontera natural con East Blue y South Blue por el sur, y con West Blue y North Blue por el norte, según el tramo. La ausencia de viento y corriente impide el desplazamiento de cualquier barco que dependa de velas, por lo que solo naves propulsadas por otros medios —remos con fuerza sobrehumana, sistemas de vapor o impulsos como el Coup de Burst— logran atravesarlo con ciertas garantías.
Historia
Durante siglos, el Gobierno Mundial y la Marina se han apoyado en los Calm Belt como un muro natural que dificulta tanto la entrada como la huida de piratas hacia y desde la Grand Line, reforzando el control sobre quién navega esas aguas. Su peligrosidad ha marcado episodios memorables: tripulaciones enteras han quedado varadas o han sido devoradas al intentar cruzarlos sin la preparación adecuada, mientras que otras, como la de Barbablanca, han conseguido atravesarlos por la fuerza bruta.
Habitantes y puntos de interés
Además de los Reyes del Mar, el Calm Belt sur alberga en su interior la prisión de Impel Down, situada en una isla dentro de la propia franja, cerca del acceso a la Grand Line desde Marineford. La quietud del agua, sumada a la presencia de estas criaturas, mantiene alejada a la mayoría del tráfico marítimo convencional.
Curiosidades
Los propios Reyes del Mar rara vez abandonan el Calm Belt para adentrarse en la Grand Line, lo que explica por qué su presencia allí es tan constante y notoria. Algunas tripulaciones han aprendido a convivir con ellos o incluso a domesticarlos parcialmente, aunque sigue siendo la excepción y no la norma.


