Siglo Vacío
El Siglo Vacío (くうはくのひゃくねん, Kūhaku no Hyakunen; lit. «el Siglo en Blanco») es el nombre con el que se conoce a un periodo de cien años, transcurrido hace entre ochocientos y novecientos años, del que no existe ningún registro histórico oficial. Los libros de historia reconocidos por el Gobierno Mundial saltan directamente de un punto a otro, omitiendo por completo lo sucedido durante ese siglo.
La propia inexistencia de documentación resulta sospechosa: estudiar o divulgar teorías sobre el Siglo Vacío está mal visto, cuando no directamente perseguido, lo que ha llevado a estudiosos como los de la extinta isla de Ohara a sospechar que se trata de un vacío impuesto, no accidental.
Origen y descripción
El único vestigio que ha sobrevivido a la desaparición deliberada de aquella época son los Poneglyph, tallados precisamente durante o poco después del Siglo Vacío por una civilización cuyo alcance y logros parecen haber superado, en ciertos aspectos, a los del mundo actual. El propio Gobierno Mundial se fundó al término de ese siglo, cuando veinte reinos se unieron bajo un mismo estandarte.
Funcionamiento
Al no existir registros oficiales, la única vía para reconstruir lo ocurrido durante el Siglo Vacío pasa por localizar y descifrar Poneglyph dispersos por el mundo, una tarea lenta que exige dominar una escritura prácticamente extinta. Cada fragmento recuperado añade una pieza a un rompecabezas que el Gobierno Mundial se ha esforzado en mantener incompleto.
Importancia en la trama
El Siglo Vacío es la llave que explica el resto de misterios de la obra: el origen de las Armas Ancestrales, la naturaleza de la Voluntad de la D. y las razones últimas del Gobierno Mundial para perseguir cualquier investigación al respecto. La destrucción de Ohara, ordenada precisamente por acercarse demasiado a esta verdad, demuestra hasta qué punto las autoridades están dispuestas a llegar para que el silencio se mantenga.
Curiosidades
El nombre «Siglo Vacío» no describe una ausencia real de acontecimientos, sino la ausencia deliberada de constancia escrita sobre ellos; dentro de la propia obra, varios personajes remarcan que «vacío» no equivale a «que no pasó nada». Ohara fue, hasta su destrucción, el principal centro académico dedicado a este periodo, y su desaparición dejó a Nico Robin como una de las pocas personas vivas capaces de continuar esa investigación.


