Vivre Card
La Vivre Card (ビブルカード, Biburu Kādo; el nombre combina el francés «vivre», vivir, con la palabra inglesa «card») es una hoja de papel especial impregnada con una parte del alma de su propietario, capaz de indicar en todo momento la dirección exacta en la que esa persona se encuentra. Mientras su dueño permanece con vida, el papel se mantiene intacto; en cambio, se va consumiendo poco a poco con el paso del tiempo o arde por completo en el instante en que esa persona muere.
Su valor resulta incalculable tanto para quien la porta como para quien la recibe, ya que funciona como una prueba tangible y prácticamente infalsificable de la existencia y el paradero de alguien.
Origen y descripción
Cada Vivre Card se elabora a partir de un mismo pliego original, del que pueden obtenerse varios fragmentos: cuantas más veces se divide el papel, más pequeño resulta cada trozo y menos tiempo dura, aunque todos y cada uno de los fragmentos conservan la capacidad de señalar hacia el propietario mientras exista una porción, por mínima que sea.
Funcionamiento
Para leer una Vivre Card basta con sostenerla cerca de otras hojas de papel: la esquina de la carta se curva y apunta espontáneamente en la dirección donde se halla su dueño, con mayor precisión cuanto más cerca se esté de él. Al morir la persona a la que pertenece, el papel se consume en llamas de manera instantánea, con independencia de dónde se encuentre en ese momento.
Importancia en la trama
Las Vivre Card cumplen un papel narrativo recurrente como símbolo de promesas y reencuentros: acompañan despedidas, sirven para localizar a aliados perdidos y, en más de una ocasión, confirman con su desaparición súbita la muerte de un personaje sin necesidad de mostrar la escena directamente. También se han empleado como llave de acceso o contraseña en determinados lugares, aprovechando lo difícil que resulta falsificarlas.
Curiosidades
Al fabricarse siempre a partir del mismo pliego original, dos Vivre Card de un mismo propietario nunca dejan de estar conectadas entre sí, por lejos que se encuentren una de otra. El hecho de que se consuman gradualmente con el tiempo obliga a sus poseedores a usarlas con cierta urgencia, lo que añade tensión dramática a las escenas en las que aparecen.


